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Uno de los juegos de rol de ordenador que recuerdo con más cariño es el Bloodwich.
CorrÃa el año 1989, y una compañÃa llamada Image Works se arriesgó con el primer juego de rol que permitÃa dos jugadores simultáneos, desde la misma máquina.
A pesar de la novedad, la versión de dos jugadores era más una anécdota que algo realmente viable. Tengamos en cuenta que el juego requerÃa muchÃsimas horas de juego, y su desarrollo, como explicaré más adelante, era muy lento, por lo que difÃcilmente tendrÃamos a otra persona dispuesta a jugar al mismo tiempo.

Esto es multijugador, y no el Counter-Strike ese…
El juego era en primera persona (o lo que entonces se conocÃa por primera persona), en un descomunal mapa cuadriculado. Llevabas un grupo de cuatro aventureros a escoger entre 16 (combinación entre 4 profesiones y 4 elementos). En realidad, la versión PC tenÃa un bug que hacÃa que, si no comenzabas la partida con kickstart (es decir, el equipo por defecto), a medio juego aparecÃa un bug (en realidad, un muro donde no debÃa estarlo) que te impedÃa continuar el juego. Ahora, como informático, me pregunto como se puede producir un error tan chorra programando, de forma que el mapeado se corrumpa.

Los 16 personajes, el “palo” de la baraja determinaba la profesión, el color, la esfera mágica.
Al estilo Eye of the Beholder, no podÃas separar el grupo ni nada parecido. El juego era dificilÃsimo, y muy poca gente logró pasárselo.
Los combates eran extremadamente difÃciles, y la única forma de derrotar a unos enemigos hiperhormonados (tenÃan aproximadamente unas 100 veces tu vida) era llevarlos a algún lugar amplio y tener un buen juego de manos para atacar, desplazarte, girarte, atacar, y seguir con el bucle, a veces durante media hora (ellos, en cambio, necesitaban dos golpes para matarte).

Parece un simple esqueleto, pero es 100 veces más resistente que tú, y te mata con un golpe.
Por otra parte, estaban los enigmas. El juego estaba hecho con muy mala leche. Y en esa época no existÃan los mapas, por lo que, para conseguir orientarse, uno tenÃa que dibujar el mapa en un papel cuadriculado (ey, aún los tengo por casa), con el pequeño problema que palancas o baldosas hacÃan desaparecer o aparecer paredes o columnas, etc.

Una de las centenares de palanquitas que adornaban el juego, poniendo o quitando muros, columnas, etc.
Y los spinners. A partir de la cuarta parte del juego entran los spinners. Los spinners son baldosas giratorias, colocadas en lugares estratégicos (pasillos simétricos, cruces en X, etc) para que, aunque la baldosa te gire, tu pantalla parezca la misma.
De esta forma, uno no se percataba del giro (hasta que me acostumbré a dejar caer objetos al suelo cuando veÃa algo sospechoso), y seguÃa apuntando su mapa hasta que se daba cuenta que algo fallaba, que era imposible que el pasillo siguiera recto ya que sobreescribÃa parte hecha del mapa. Y, entre maldiciones, buscar el problema y volver a dibujar el mapa del nivel. Mejor no os hablo de los transportadores…
El interfaz del juego, aunque simple, era bastante completo. PodÃas incluso hablar con los enemigos y demás personajes (por regla general, cualquier personaje que no estuviera en una tienda, era un enemigo). Necesitabas comida y agua para subsistir, disparabas flechas, y recogÃas algunas, etc. Un juego muy completo.
Yo fuà uno de los pocos que consiguieron pasárselo, ya que el juego exigÃa mucha paciencia y perseverancia. Al final, después de 3 inmensos niveles subterráneos, dos niveles superiores y 5 torres, cada una con unos 10 niveles (aunque más cortos), llegué hasta el Bloodwich, el malo maloso. Lo maté, después de media hora de mucha paciencia, y mi recompensa fue una simple pantalla en negro, con las palabras, en verde: “Congratulations. You have defeated Bloodwich”.
Y, a pesar de lo soso del final, nunca he encontrado un final que me hiciera sentir mejor.

El bicharrajo final, tal y como te lo indicaban en la presentación. En el juego se parecÃa más a un amasijo caótico de pÃxeles.